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¿Estamos preparados los chilenos para trabajar cuatro días a la semana?


¿Es posible trabajar menos horas y producir más sin afectar nuestra salud mental y calidad de vida? Esta es solo una de las tantas interrogantes que surgen ante la posibilidad de rebajar la jornada laboral de cinco a cuatro días a la semana en Chile, esto luego que un grupo de diputados presentara un proyecto de ley que busca reducir a 36 horas laborales a la semana -y la posibilidad de pactar jornadas 4x3- con el objetivo de bajar los altos niveles de estrés que experimentan los trabajadores y mejorar su calidad de vida.


La iniciativa ha causado diversas reacciones y críticas desde distintos sectores, pero principalmente se debe tener en cuenta que una medida como esta debe ser profundamente analizada y estudiada para no causar efectos contrarios a los que se pretender lograr, esto para no terminar aumentando los índices de estrés de los trabajadores y empeorando su calidad de vida.


Para empezar, hay varios factores que se deben tener en consideración, como que Chile es uno de los países menos productivos según la OCDE y que, a la vez, es uno de los que más horas trabaja. Por otro lado, los países que trabajan menos horas a la semana tienen mayores niveles de desarrollo y cuentan con diversos programas o acompañamientos que no solo están relacionados a la cantidad de horas trabajadas, sino que también a la parte emocional y de gestión de las personas.


Otro punto importante es que nuestro país encabeza rankings internacionales por contar con la mayor cantidad de problemas de salud mental, mayores tasas de estrés y depresión. Y, finalmente, se debe tener en claro que el ser más productivos no necesariamente significa que se debe trabajar más horas, es decir, la cantidad de horas efectivamente no está relacionada con la eficiencia en el trabajo.


Entonces, puede ser una muy buena medida bajar las horas, pero debe ser de manera gradual y acompañado de una serie de otras iniciativas, ya que es un tema multifactorial. Muchas organizaciones hoy siguen considerando la hora silla más que el cumplimiento de los proyectos y obtener los resultados, entonces, se debe avanzar también en hacer una transformación dentro de las organizaciones que esté orientada a generar un sistema de gestión más productivo, que les permita eliminar el re trabajo o las dobles funciones y también, por otro lado, que apoyen a las personas a desarrollar las herramientas de autogestión.


De lo contrario, la medida es un arma de doble filo, porque si no se desarrollan y aplican de manera paralela las herramientas que permitan optimizar de mejor manera el tiempo y ser más eficientes, trabajar el clima organizacional, trabajar los liderazgos y solucionar un montón de otros temas que a los chilenos y chilenas los estresan, puede ser que incluso se genere más estrés y problemas mentales, considerando además otros factores como mayores gastos para las pymes, que son las que más empleo generan. Por supuesto que aquí el Estado también tiene un rol preponderante, que tiene que ver con el desarrollo de diversas políticas públicas que aporten también a mejorar la calidad de vida de todas las personas, como mejorar el sistema de salud, el sistema de educación y así una serie de variables.


En definitiva, cualquier cambio que se realice a nivel personal, a nivel de las organizaciones y a nivel país, debe de tener un proceso de gestión del cambio, y esto requiere tiempo, analizar y estudiar múltiples factores, y también requiere por supuesto responder a las necesidades actuales. Si uno pretende bajar de 45 a 40 horas de un año para otro, sin medidas ni apoyo para las organizaciones, pymes, sin capacitaciones para trabajadores, jefaturas, sin apoyo del Estado, teniendo en cuenta que lo que se busca es que los trabajadores hagan lo mismo, tengan los mismos objetivos, pero en menos horas, no se tendrá éxito y lo más probable es que se fracase.


En conclusión, estamos en un escenario en que es positivo que se comiencen a plantear desde el Estado, las organizaciones y las personas, qué se puede hacer para mejorar la calidad de vida de todos los ciudadanos, es un buen debate y permite ir evolucionando, pero necesariamente se deben considerar planes realistas y acordes a las necesidades, analizando las propuestas que surjan de manera multifactorial, de lo contrario, es muy poco probable que se logren los objetivos.

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